Permíteme acercarme tus manos
tan cerca de mi rostro, que puedas
dar cuenta de todas mis arrugas.
Que tu mirada me mire tan profundo
que puedas ver en mí,
cosas que desconozco y las que miento.
Y que tu Corazón entonces, se llene
de un rojo eterno de confianza o
que se aleje lleno de decepción.
Por ésto o por aquello, mi ser
habrá triunfado, porque detesto
la traición que origina la duda.
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